No home movie

¿Mamá me ves los ojos?

Odio los hoteles cada día más, odio esta especie de estar en ninguna parte, este tránsito infinito, este dormitorio. Me he despertado y mi madre había muerto, como si no fuera suficiente una vez todos los días millones de veces, había muerto en el sueño. La muerte cobrándose cada vez más espacios. Ese puto acorralamiento. Decido escribir cuando no se supone que lo haga, cuando en realidad debería estar congraciándome con mis compañeros en conversaciones sobre películas y trabajos mal pagados. No puedo, yo necesito pararme. El vuelo del colibrí en mi pecho, cada vez más frecuente, me obliga a pararme. Hay hombres jóvenes con gorras, maricas que me gritan y me levantan la mano, hombres de negro y demasiadas imágenes que ya no cuentan nada nuevo.
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Filmo para demostrar que el mundo es pequeño, que ya no existen las distancias.

Obviamente es con Chantal con la única que he sentido la piel erizada. Sería suficiente el primer plano del film: un árbol mecido violentamente por el viento y en la profundidad a lo lejos,  un coche blanco en un esquina haciéndose cada vez más pequeño, más infinito, cuestión de distancias. Luego un parque, el color de la hierba cuando deja de ser natural y es fosforescente. Una silla oxidada, algunas tomas de la casa que recuerdan a Ozu. Pero no, en No home movie, las habitaciones son espacios que recrean espacios de memoria: la infancia de Chantal, la Historia de Bélgica, la historia de su familia, su padre…

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No home movie es una despedida que nunca acaba de llegar.  ¿No lo son todas las imágenes? 

Me fotografío luego existo.

Llamadas de skype llenas de intimidad y  personas que se quieren pixeladas. Filmo para demostrar que ya no hay distancias… y como un estribillo que nos va dejando el alma cada vez más desangelada : “mamá no te duermas, mamá dónde estuviste ayer, mamá recuerda, mamá cuéntanos una historia…”.

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Estos lazos agrios llenos de leche materna,

agria de esta mirada que bucea en el tiempo que busca en el eco de las voces

aquella que conoció,

¿si cierro los ojos me ves los ojos?

¿si cierro tus ojos me verás mamá?

Chantal imaginó y decidió que estas fueran sus últimas imágenes.

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Chantal decidió filmar el viento como los que la precedieron, como pocos muy pocos han sabido hacer.

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Chantal hizo la maleta, corrió las cortinas, y cuando la película era ya todo penumbras, decidió salir del plano. He vuelto a ver esta secuencia, cuesta no ver estas imágenes como un testamento, una especie de epílogo.

 

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Es de día. Es Noviembre. Hace mucho sol en Sevilla. El sol siempre nos ciega en Sevilla. Me encuentro a un chico que se llama Luis, me reconoce por el pelo. Todo el mundo aquí me para porque me reconoce por el pelo, ellos saben mi nombre, yo no lo sé. A veces me angustia. Este chico, Luis, me da recuerdos de Fernando pero yo sigo pensando en No Home Movie y en que es su última película. Mientras cruzo el paso de peatones que me lleva al hotel vienen a mi cabeza las imágenes de Frield Vom Gröller, esa mujer, esa cineasta que todos relacionan automáticamente con Kubelka, la esposa de, dicen. La esposa de. En verano me pasaron toda su filmografía y desde entonces he querido escribir de aquellas películas, de lo que sentí esa noche. En mi cuaderno de notas escribí: EPIFANÍA. Lo que hace Vom Gröller es colocarse delante de amigos, desconocidos o familiares, y los filma, a la manera clásica, cámara prácticamente fija, un retrato filmado de diferente duración.

Un minuto, dos, tres, seis, lo que dure la bobina. Un acto de voyeurismo, un acto de contemplación, un acto de amor y en definitiva, un acto rebelde, porque filmar/fotografiar es gritar contra la muerte. O quizá ponerse de su lado pero en rebeldía.

 

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De los trabajos de la cineasta austriaca recuerdo especialmente en este momento aquellos en los que la protagonista era su madre: elter: mutter, vater, 1997-99; gutes ende, 2011; ich auch, auch, ich auch, 2012).

Su rostro arrugado, sus ojos brillantes desprendían tanto amor… pensé en mi madre, en la forma en la que con mi mente durante este último año he fotografiado casi todos los espacios por los que nos hemos movido, las fotos, los videos en instagram, los videos que quedan guardados en el ordenador en la carpeta CON MAMÁ. Puedo sentir todos los tiempos a la vez cuando miro sus objetos: su presencia y su ausencia. Lo siento todo.

 

 

Y luego están todos estos dispositivos, toda esta mecánica que nos acerca… por qué hago fotos todo el tiempo, me pregunto. ¿Qué es lo que quiero retener? Vuelvo a pensar en Akerman filmando ese acto cotidiano de comer con su madre en la cocina, le gusta la mostaza, a mí también. Recuerda su infancia, recuerda la escuela judía, eleva la voz canta un poco en yiddish y de pronto puedo sentir esa condición de inmigrada, de habitante de hotel, de turista en la vida.

Chatal no dejes de mandarnos cartas, Chantal escríbenos” Era la voz de la madre de Chantal a través de News From Home (1971), cuando ella vivía en Nueva York y se pasaba semanas sin noticias de su hija. Chantal cuéntanos una historia, Chantal no te duermas. ¿Chantal qué hiciste ayer?

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¿Por qué dónde está? Siempre lejos. He llorado con las pantallas fundidas a blanco, también con el fundido a negro. Y en mi mente nuestras madres tejen una tela invisible de la que cuelgan todas las imágenes del mundo, el mundo invisible permanece suspendido, hilos invisibles que se van perdiendo marchitos desprendidos de los vientres de las madres. Filmo para demostrar que no hay distancias. Escribo para demostrar que amo, y me consagro a esta escritura torpe. La madre de Frield Vom Gröller dando su último aliento en amarillo verdoso, y la voz de Chantal otra vez sobre esta imagen: “mamá no te duermas, mamá cuéntanos una historia, mamá, mamá…”

 

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Te hablo desde una habitación donde estamos solo tú y yo. Y te digo que en tus ojos ahora está sucediendo el cine. Tú entreabres la boca y un poco confundida me dices ¿qué has dicho? Es bonito. Nos sobrecogemos. Quiero framear este instante para siempre. Romper el tiempo. Agrietarlo. Quisiera saber qué significa entrar en plano y deslizarse ante el objetivo. Pienso en el facetime, en el skype, en los selfies… Pienso en ese entrar en plano continuamente. En esta desnudez. En esta invitación a pasear nuestras casas, nuestra memoria, nuestros cuerpos. Todas esas cartas que nos mandamos. Y como un ripio: “Filmo para demostrar que no hay distancias”. Ellos saben quién soy, pero yo no sé quiénes son ellos. Escribo para demostrar que no hay distancias.

 

 

Déborah García Sánchez-Marín

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Escribo para demostrar que no hay distancias

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LUIS GARCÍA LUQUE

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